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Mirador frente al Molino de la Romera

Punto de interés de la Ruta de los Girasoles.

 

Se sitúa en una calle perimetral, la Ronda del Cenicero, caracterizada hasta hace no demasiados años por la convivencia de los usos residenciales con el desarrollo de determinadas actividades económicas vinculadas al mundo rural, como la arriería, la cría de ganado menor o la transformación agrícola.

El molino parece datarse en los últimos momentos de la Edad Media, como manifiesta la clara impronta mudéjar de su construcción. La presencia de un ladrillo con una inscripción en árabe nos dibuja el ambiente de esos años, en los que las tradiciones islámicas de una parte importantísima de la población estaban muy vivas.

Reformado en los siglos XVII y XVIII, su antigua maquinaria era de solera y rulos de tracción animal con torre y prensa de viga. Estuvo funcionando así hasta 1937. Posteriormente, los salones del molino y de la viga se dedican a granero, conservando todavía los suelos y zócalos con aislantes de betún de color negro.

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Iglesia de Santa Ana

El edificio es el único resto que nos ha llegado del antiguo convento de Santo Domingo construido por los carmonenses como una ermita en 1501. Extramuros y paredaño al antiguo cementerio de Carmona, estuvo ocupado por la orden Dominica hasta la exclaustración.

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Hospital de la Misericordia y de la Caridad

Su fundación tuvo lugar en 1.510, gracias a la protección dispensada por Doña Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos.

Su función principal era cuidar y curar enfermos de forma gratuita.

En el arrabal, cerca de San Pedro, se creó una asociación con fines parecidos, bajo la advocación de Santa Caridad.

En 1.670 se unieron ambas fundaciones.

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Iglesia de San Bartolomé

Este templo está concebido de acuerdo a las formulas habituales del mudéjar local; tres naves separadas entre sí mediante pilares, ábside y crucero. El ábside de la nave central se cubre con una bóveda de nervadura estrellada propia del arte gótico, fechando la construcción del templo a finales del s. XV.

La nave del evangelio se comunica al exterior mediante una puerta adintelada, mientras que la nave de la epístola se comunica a través de una puerta ojival a la lonja de San Bartolomé.

El retablo mayor del primer tercio del s. XVIII, consta de banco y cuerpo dividido en tres calles y ático.

A finales del s. XVIII, durante el barroco, el templo se transformó; se hicieron las falsas bóvedas eliminadas durante las reformas de 1975 y se añade el cuerpo superior de la torre-fachada, situada a los pies del templo con planta rectangular donde se incluye una portada adintelada entre pilastras .

La torre consta de un pedestal enmarcado entre volutas barrocas, y rematado en una terraza abalaustrada sobre la que se alza el cuerpo de campanas; todo ello rematado por frontones mixtilíneos entre diminutos pináculos y un chapitel de perfil curvo.

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Necrópolis y Anfiteatro

El descubrimiento de la Necrópolis de Carmona y el Anfiteatro sucede a finales del siglo XIX, gracias a la iniciativa de Juan Fernández López y del arqueólogo inglés Jorge Bonsor.

La Necrópolis se data en torno al siglo I. El ritual de enterramiento más frecuente era la incineración. Los cadáveres eran incinerados en quemaderos excavados en la roca donde se colocaba la pira. En ocasiones, estos quemaderos se utilizaban también como enterramientos, depositando las cenizas en la fosa, que se cubría con sillares, ladrillos o tégulas. Una vez cubiertos, se colocaba una estela para indicar el lugar y el nombre del difunto.

El mausoleo colectivo, formado por una cámara subterránea, de carácter familiar, es el tipo de enterramiento más generalizado en la Necrópolis de Carmona. Se accede a él por un pozo escalonado. La cámara suele ser cuadrangular, con un banco que recorre la parte inferior de las paredes, donde se colocan las ofrendas y sobre el que se abren los nichos. En algunas cámaras quedan las huellas de las puertas que las cerraban, otras debían de cerrarse con una losa. La parte externa de los enterramientos debían de estar con cipos, estelas o túmulos y otras construcciones de las que no se han conservado testimonios. Para ocultar la tosquedad de la roca, las tumbas se decoraban. La Necrópolis es uno de los yacimientos más importantes de la Península por su buena conservación.

Anfiteatro:

Frente a la Necrópolis nos encontramos con el Anfiteatro, que fue destinado a espectáculos de fieras y a otras manifestaciones artísticas y culturales.

Se cree que el graderío y los vestíbulos iban cubiertos con planchas de material noble, con nichos para las consabidas estatuas de los emperadores y de los carmonenses ilustres.

La “ima” y la “media cavea” están bajo el nivel de la calzada, cavadas en el alcor, mientras que la “suma cavea” fue la única parte edificada.

En su fachada oriental presenta una rampa de ingreso, semejante a las que debió haber en cada una de las esquinas, que daban acceso a las salidas o vomitorios.

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Convento Madre de Dios

Parece que la fundación de la comunidad Dominica se sitúa a principios del S. XVI.

En 1520 comenzó a configurarse el edificio, integrando la trama urbanística del viejo casco medieval. Su construcción se dilató bastante en el tiempo, llegando a su extensión máxima en el s. XVII con la construcción de la capilla mayor, de estilo protobarroco está coronada con un sencillo casquete hemiesférico y cuatro óculos decorados con motivos religiosos.